Un Secreto


Un secreto
Hace 20 años atrás, yo ya re sabía que papá noel eran los padres, tíos y abuelos.Digamos que los mismos que con mucho asquito sacaban un diente sangriento de abajo de la almohada para poner un billete.
Era Diciembre de 1992; un atardecer caluroso que aplastaba a 9 de julio . Una de esas tardes en las que no había reloj que estructure, toalla disponible ni silencio.
El patio olía a fiestas.
Mi abuelo cortaba el pasto, mi papá cebaba mates.El tio colocaba las lucecitas navideñas en las tejas del porche de adelante. La tía Mónica con su sombrero de paja y la salida de baño color rojo sangre barría el pasto suelto desparramado en el caminito de piedra. Mamá nos pasaba el peine metálico, era época de muchos piojos. Y la abuela mientras esperaba que se hornee su maravillosa torta de limón, le ponía ralladura y todo, baldeaba el pasillo de entrada para combatir un poco el calor.
Seguramente , por alguna razón , papá y mamá habían creído una buena opción contarme cual era el regalo que le iban a poner en el arbolito a Mechy y a Juli, las primas grandes.
-¡ Es la última vez que te contamos algo ! - Con ceño fruncido y voz grave me dijo papá mirándome desde arriba en un rincón de la galería del quincho. Ay ! que mal me sentí. Papá tiene eso, te mira fijo y hace que la culpa la sientas desde la garganta hasta la panza , haciendo que la palabra perdón salga casi como el hipo.
Es el día de hoy que no puedo entender como fue que Gustavo , mi papá, se enteró que a mi me había re costado guardar el secreto.
Estaba sentada en la hamaca de colchonetas de cuerina rayada , eran blancas y bordo.Era re linda y entrabamos muchos, pero los días de calor se te pegaba la piel y era doloroso levantarse.
Yo sentí que tenía que llamar la atención de mis primas de alguna manera.Ellas siempre jugaban a juegos re divertidos que yo no entendía, o no me salían. Cantaban canciones que yo no conocía y hablaban en geringoso todo lo que yo no podìa escuchar, porque tampoco sabía.
La reja verde de la ventana del cuarto de soltero de mi papá estaba abierta, era como la puerta al paraíso . Ahi dormian ellas.
Tenían cosas de muchos colores, siempre. Era tan facil atravesar esa reja , pero me daba tanto miedo. Era algo así como el sabor de lo prohibido.
Mechi se sentó conmigo en la hamaca grande, luego se acercó Juli y ahí fue que tuve la necesidad de contarles el secreto. Yo sentía que diciéndoles , tal vez , podría llegar a obtener un pase libre para ese cuarto que contemplaba desde afuera, ahí pegadita al cactus de espinas largas al que todos le teníamos miedo, o que me incluyan en alguna conversación de esas que tenían a escondidas de los grandes.
Resulta que ellas estaban en la onda de escuchar Cd’s.Eran las únicas personas que conocíamos que tenían un aparato que pudiera reproducir algo tan innovador como el “Compac Disc”. Era un equipo de música super moderno, que se lo habian traido los reyes anteriores. Pero claro, tener un equipo de esas características implicaba comprar discos , y no eran muy accesibles. Entonces , a mis papás se les había ocurrido comprarles uno para navidad. Era ni más ni menos que un disco de Elton John, “The One” que incluía el tema del momento The Last Song, tema para llorar si los había.
Así fue como el regalo no llegó a ser sorpresa , porque el secreto. me quemo la lengua .

b-

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